Cantantes desde pequeños: cómo te iniciaste en el canto

Una respuesta muy frecuente en la pregunta biográfica de los cantantes, es: «yo cantaba desde pequeño(a)».

*Al final del artículo compartimos canciones!

La Psicología de la Música, a través de sus diversos investigadores y en sus diferentes ramas, se ha dado a la tarea de responder a dicho fenómeno y mostrarnos los caminos por los que vamos integrando el canto en nuestra vida, en nuestro entorno, en nuestro ser.

Incluso, al iniciar el camino profesional, grandes maestros recomiendan hacer un retorno al origen de nuestro canto, el canto primario.

¿Pero, qué fue primero, la voz o la emoción?

Las emociones más intensas suscitan el sonido de la voz, raramente el lenguaje: más allá y más acá de eso, el murmullo y el grito, […]. Grito natal, grito de los niños en sus juegos, o gritos de aquellos que sufren una pérdida irreparable, un placer inadecible, grito de guerra, que con toda su fuerza aspira a tornarse canto: Voz plena, rechazo de cualquier redundancia, explosión del ser en dirección al origen perdido, del tiempo de la voz sin palabra.

P. Zumthor. Introduction à la poésie orale, 1983, p. 13.

El llanto es el primer acto vocal y es la base -el sustrato- de todas las demás vocalizaciones que van surgiendo en el desarrollo humano, incluyendo el canto.

Cuando fuimos bebés, en nuestros primeros meses de vida, después de haber estrenado nuestras cuerdas vocales con el sonido derivado del llanto, y antes de que pudiésemos aprender a hablar, realizábamos algunas vocalizaciones, juegos de voz, que Papousek, gran investigador de la conducta infantil, llama «coqueo eufónico” (1996), y que algunos músicos opinan que se parecen mucho a los glissandi musicales.

¿Cómo se produce la voz y la escucha del bebé?

El tracto vocal de los bebés no es que sea una versión en miniatura del propio del adulto, sino que tiene características propias que hacen que el repertorio de sonidos sea más limitado, «es más corto en general y tiene una ligera orientación hacia el ángulo derecho», los tamaños relativos de la laringe son diferentes al del adulto y las cuerdas vocales están poco desarrolladas, el movimiento de la lengua está más contraído. Por todo ello, los sonidos vocales son menos diversos.

El llanto es el primer acto vocal y este forma el sustrato para todas las vocalizaciones subsecuentes, incluyendo el canto.

Graham F Welch

El oído es importantísimo en el desarrollo de las vocalizaciones del recién nacido. Nuestra escucha comienza a funcionar generalmente en el último trimestre del embarazo, mientras estamos en el vientre de nuestra madre. Al nacer, todos somos universales en el sentido que estamos perceptivamente equipados para interpretar el sentido de las músicas y lenguas de cualquier cultura.

Escuchando la voz de nuestra madre, principalmente, cuando habla, cuando canta, vamos haciendo una colección de sonidos predilectos.

Después de nacidos, durante el primer año de nuestra vida, también es crucial el discurso dirigido de los padres o cuidadores al bebé, llamado “estilo de habla maternal” o “estilo de habla paternal” (Werker & McLeod, 1989).

La iniciación musical

Entonces fuimos tipificando todas las expresiones que nos dirigió nuestra madre, nuestro padre, o nuestros cuidadores. Así desarrollamos nuestra habilidad innata de experimentar el sentido rítmico, en el tiempo y la variación temporal de sus voces, las variaciones de altura y los contornos melódicos o prosódicos expresivos. Son características del lenguaje, pero también de la música, por ello esta «musicalidad comunicativa» se hace presente tanto en el discurso, en la lectura de cuentos, en el repertorio tal vez limitado pero especial de canciones de cuna y canciones de juego.

Generalmente las canciones que nos cantaron y enseñaron en nuestra temprana infancia, se caracterizan por su simplicidad en estructura, por la repetición, el uso de alturas más agudas de la voz normal (en busca de estar más cerca de los registros de la voz del niño pequeño), tempi más lentos y una calidad vocal más emotiva.

Fue entre los dos y los cuatro meses de nacidos cuando empezamos a generar sonidos vocales que tienen rasgos cuasi melódicos, con una creciente evidencia de control durante los tres meses siguientes. Nuestras vocalizaciones infantiles predecesoras del habla se caracterizan por una modulación voluntaria y un manejo de la altura que imita las características prosódicas predominantes de nuestra lengua materna, del discurso maternal y/o paternall recibido, y gustamos de explorar secuencias silábico-rítmicas con melodías superpuestas y patrones musicales cortos.

Por lo tanto, las vocalizaciones tempranas del bebé están íntimamente ligadas a su percepción, y sus expresiones ocurren en consonancia con los sonidos generados por el adulto. Y existe un dominio común de la canción antes que de las palabras, ambas relacionadas con el desarrollo de lo que podemos llamar «canciones» propias y ajenas, inventadas y aprendidas por nosotros mismos o por nuestra cultura.

En general, el repertorio de canciones maternales está limitado a un puñado de canciones de juegos o canciones de cuna que son ejecutadas de un modo expresivo y altamente ritualizado. […] Más aún, ellas están introducidas por ejecuciones en las cuales los bebés pueden a la vez ver y escuchar al cantante, lo que se refleja en los extensos períodos de atención focal y movimiento corporal reducido del bebé.

Trehub, 2003: The developmental origins of musicality, p. 671.

Es indiscutible que los recién nacidos son especialmente sensibles al sonido de la voz maternal y se ha comprobado que los bebés desarrollan una capacidad de imitación de dichos sonidos. De modo similar, en estudios científicos, los bebés de seis meses presentan una alta y sostenida atención -preferencia- al ver videos del canto de sus madres, en comparación con videos de sus madres hablando.

Dentro de dicha integración de la experiencia temprana de la musicalidad, también se fue conformando un arsenal emocional básico en nuestro interior.

La expresión emocional

Los investigadores indican que las experiencias auditivas de los niños se relacionan con seis emociones básicas dentro de los primeros nueve meses de vida. Y es importante destacar que cada una de esas emociones tiene un sello vocal característico, un perfil acústico determinado, tales como cambios en el tempo, nivel sonoro, afinación, articulación, timbre, vibrato, ataque y cierre sonoro, y pausas. Por lo tanto, los sonidos que poseen perfiles acústicos similares tienden a generar emociones iguales o relacionadas. A medida que vamos creciendo también nos vamos haciendo más expertos en el reconocimiento y la expresión de determinadas emociones tanto en el canto como en el habla.

Los estados emocionales iniciales vinculados a la tensión (evidenciados por el llanto y la irritabilidad), el placer (indicado por la saciedad) y la atención al entorno inmediato llevan al surgimiento del interés (y la sorpresa), la alegría, la tristeza y el disgusto a la edad de tres meses, seguido de manifestaciones emocionales de enojo y miedo a la edad de ocho meses.

Lewis,M. The Self in Self-Conscious Emotions. 1997.

A partir de los dos años, ya podíamos hábilmente aplicar los conocimientos vocales aprendidos en un sistema de retroalimentación psicológica, que todavía siendo adultos utilizamos para auto-monitorear nuestros comportamientos vocales mientras cantamos. Esa retroalimentación incluye varios aspectos, se da de manera auditiva, visual, táctil, kinestésica y/o vestibular. Dicho sistema de retroalimentación es primordial y determinante en el desarrollo de una identidad como cantante.

Así, el bebé ingresa al mundo con una tendencia emocional hacia ciertos sonidos, vinculada a sus experiencias acústicas y afectivas más tempranas. Después esta tendencia delineará el modo en que el niño en desarrollo responde a otros sonidos, suplido y expandido por la experiencia auditiva y afectiva simultánea de su propia voz. Estas interconexiones proporcionan una base para la comunicación musical cuyo impacto puede extenderse a lo largo de la vida, tanto en la producción como en la recepción de melodías vocales y también en otras comunicaciones musicales intra e interpersonales que se basan en rasgos acústicos similares.

Cantantes en desarrollo

El cantante en desarrollo va cantando para sí mismo y para otros, al acompañar cualquier otra actividad o sólo por el hecho de cantar, incluso el cantante menos habilidoso. Esto constituye un indicador adicional de la comunicación intra-personal placentera. En adición a ello, la comunicación interpersonal con los oyentes externos tiene un papel importante en la conformación del sentido de pertenencia a un grupo cultural o social.

Si tuvimos la fortuna de ser provistos de un ambiente de estimulación apropiado, nuestra identidad de cantante seguramente fue incrementando su rango de comportamientos vocales, mejoramos la imagen acerca de nosotros mismos y eso nos permitió sentirnos más seguros y estables en los estados emocionales que experimentamos. Poco a poco, camino a la adultez, fuimos asimilando los efectos de la experiencia, el posible entrenamiento formal y los niveles de destreza propios dentro del canto.

Es así como la Psicología Musical ha observado desde sus orígenes que somos individuos musicales dentro de una dimensión biológica, emocional y social. Es muy grande la influencia de nuestra iniciación en el canto en todas nuestras dimensiones: cuerpo, mente, espíritu y emoción, y en determinar cómo nos relacionamos con nuestro medio social e incluso con la naturaleza.

Fuentes:

  • Publicaciones y artículos de Graham F Welch del Institute of Education University of London.
  • Publicaciones y artículos de Josefa Lacárcel Moreno, sobre Psicología de la música y emoción musical, de la Universidad de Murcia, España.

Libro recomendado:


¿Qué canciones te cantaban de pequeño(a)?

Aquí te dejo unas muestras de lo que nos cantaba mi madre cuando mis hermanos y yo éramos unos niñitos.

1 Esta canción es simple y repetitiva en todos los aspectos musicales: ritmo, melodía y aspectos de tonalidad, además de que la letra contiene un mensaje simple pero efectivo dentro de la cultura en que crecimos:

1. «Un payasito»

2 Y aquí está una pequeña canción, que mi mamá utilizaba para algunos momentos de drama infantil:

2. «Pobrecita huerfanita»

Te animo a que aquí debajo, en los comentarios, dejes grabada alguna canción que recuerdes o sepas que te cantaban de niño(a) o de bebé. También puedes mostrarnos qué canción o canciones le cantas tú a tu(s) hijo(s):

Gis Gracida

Música, cantante Soprano e Ingeniera en computación, especialista en el estudio de la voz cantada, doctorada en Tecnología Musical por la Universidad Autónoma de México y creadora del software Evocanto.

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